Si te sigo en alguna red social y ese día posteaste algo sobre la lectura, tengo que admitirte que probablemente pensé que lees para que los demás te vean y digan "oh, mira, un lector". O peor aún, que no lees pero te gustaría que la gente pensara que sí. Ese exhibicionismo de tus proezas literarias me parece que es la antítesis de lo que haría El Verdadero Lector. Ese señor (o señora, o señorita) lee para sí mismo y no le interesa que los demás lo sepan.
En ese mismo orden de ideas, mientras más veces digas que amas leer (que lees demasiado, que la lectura es tu vida, que no hallas que hacer con tantos libros, que asumes la existencia del Kindle como una ofensa personal, etc... ) menos te creeré que lees para ti mismo, y más reforzarás en mí la idea de que lees para los demás. Entiendo que alguna vez lo comentes pasajeramente, pero si estas frases son para ti un hábito cotidiano, te digo lo mismo que me decía mi abuela: dime de qué te jactas y te diré de qué careces.
Ah, y ahora que, literal y figurativamente, tocamos la tecla del Kindle, tengo que decir que en mi opinión la lectura es un disfrute que se genera por el contenido literario y por las cosas que éste te mueve a sentir y pensar. No nos equivoquemos, yo amo el olor y la sensación de un libro tanto como los más puristas. Pero sentirse mejor lector que los usuarios del Kindle y presumir de esa imaginada superioridad es una soberana estupidez.
También tengo que decir que me irrita la gente que juzga a los que leen sólo novelas de romance, policiales, médicas o de derecho. "Los típicos libros de aeropuerto", dicen con desdén, a la vez que apartan con asco una copia del último de Grisham o Norah Roberts. Pues, yo creo que no hay mayor placer que leer para divertirse, y ¿quién eres tú para dictar que aquello que los demás disfrutan es menos que lo que disfrutas tú? Puedes no compartirlo, pero menospreciarlo jamás. Yo creo que el lector de novelas gráficas es tan lector como el que sólo compra en la sección de Best Sellers, o el que se leyó tres veces a Milan Kundera y su insoportable levedad.
En fin, creo que el Día del Libro resalta lo peor que tienen algunos de los que leen: la condescendencia para con los que no lo hacen. Totalmente contraproducente, además, si consideramos que el Día del Libro debería ser una invitación a descubrir el mejor pasatiempo del mundo, y no una razón para huir despavorido en la dirección opuesta del ejército de lectores fariseos que pululan en Twitter, blandiendo copias jamás leídas del Quijote.
There. I said it.
Soy el Grinch que se robó el Día del Libro.
Ni modo.


